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La sanidad podría ser la próxima reforma del Gobierno ante la situación de crisis

Ante una situación de crisis como la que vive España, el Gobierno busca desesperadamente cómo encauzar las cuentas públicas en el sendero de la estabilidad presupuestaria. La reciente afirmación del ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, de que "esta crisis no se arreglará con una sola reforma" indica por dónde  va a ir el Ejecutivo en los próximos meses. Tras la posible reforma de las pensiones y del mercado laboral, la reforma del actual sistema sanitario cuenta con amplias posibilidades de ser el siguiente objetivo del tijeretazo del Gobierno.

Las previsiones del gasto sanitario en España podrían superar el 10% del PIB en 2012 y el 16% en 2020. Si a esto, según los expertos, se añaden los costes del envejecimiento de la población y la medicina preventiva, se podría llegar al 30% del PIB en 2020. Ante este panorama, el Gobierno sabe que se impone actuar cuanto antes y reformar el sistema, si no se quiere que, a medio plazo, quiebre. Copago, ticket o uso racional son términos que aparecen cuando se habla de reformas en la sanidad y que no son muy populares, pero son medidas que, ante la quiebra, hay que valorar, analizar y, por qué no, aplicar.

Aunque en España no están extendidas, son bastantes los países que las aplican. En Francia, cada paciente aporta un 30% del coste de la visita de atención primaria, más 1 euro por consulta, con un máximo de 50 euros al año por este concepto. El pago de especialistas es un 20-25%, y 15 euros por día de hospitalización. A las personas con pocos recursos y enfermos crónicos se las exime de pago. En Suecia también los pacientes pagan una tasa fija de 11 a 17 euros en atención primaria, con un máximo de 100 euros, y de 22 a 33 euros por cada urgencia. Se pagan de 15 a 30 euros por tratamiento y día de hospitalización, y se exime a rentas bajas y jóvenes menores de 20 años. Bélgica e Italia también tienen desarrollados mecanismos de pago en función de los pacientes.